jueves, 13 de julio de 2017

El valor de los arquetipos


Cualquiera con unas nociones mínimas de cine y literatura puede enumerar los tropos más conocidos de la cultura occidental. El más reescrito en la historia de la humanidad es el Monomito, en el que el héroe siente la llamada a la aventura y parte en pos de un objetivo a través del cual alcanza la madurez. Muy, muy grosso modo, porque no tiene sentido extenderse en este punto. Desde Jung en adelante se han elaborado un sinfín de estudios que profundizan en los arquetipos principales de personalidad, pero ya existían con anterioridad en toda clase de literaturas, sin contar las tradiciones orales que reformularon el concepto generación tras generación.

LUGARES COMUNES
Un lector voraz sabrá identificar con soltura las características que definen a los personajes arquetípicos, y probablemente, a raíz de leerlos y encontrarlos y reelerlos y no poder escapar de ellos acabará renegando hasta de la historia. Quizá esta sea una de las razones por las que la búsqueda de la originalidad se prioriza en detrimento de otros aspectos igual o más importantes, pero no me quiero adelantar; los arquetipos, primero. En este sentido, creo que la línea entre “arquetipo” y “lugar común” es tan delgada que la tendencia es confundir lo que provocan ambos conceptos. El uso de expresiones o frases hechas, palabras que casen juntas, metáforas conocidas o sinestesias culturales son lugares comunes, pero también lo son hablar de la muerte, los sentimientos, la conquista bélica y amorosa y el éxito. Por ejemplo: en Bajo la misma estrella (2012), la cuestión no es que la protagonista tenga cáncer sino que la trama se ubique entre dos lugares supercomunes como son el amor y la muerte. Quizá haya quien opine que los protagonistas son arquetípicos, pero, si lo son, es debido a donde se sitúa su historia.

¿Están los arquetipos relacionados con los lugares comunes? Sí. Unos tiran de otros. Y juntos, con un guion mal estructurado o una narrativa poco trabajada resultan un libro “malo”. A mi juicio (siempre) la apatía de los lugares comunes reside en su contribución a la literatura. En otras palabras: no aporta nada nuevo contar la misma historia ochenta veces con diferentes nombres, ¿verdad? Y sin embargo, no todo en esta vida es escribir Lo Más Original del Mundo ni es necesario aportar nada útil a la literatura. ¿O tal vez sí? La función del escritor y de la literatura es un debate muy serio por el que se pierden seguidores en Twitter, atención. Watch your step.